Tenía 100 sonrisas diferentes para cada uno de los 365 días del año. Unos ojos pequeños pero muy expresivos, que brillaban cada vez que mi boca decía “Te Amo”. Cada mañana me preparaba una rebanada de pan cubierta con el color de sus ojos miel. Cuando se despedía me gustaba sentir su barba en mi espalda u hombro cuando me abrazaba.
Cada vez que me tomaba de la mano, era para besarla y decirme “luces hermosa está noche” como cada noche me lo decía, y podía hacerlo de mil maneras diferentes…no recuerdo alguna que haya sido igual.
Con sus manos, con esas que muchas veces dibujaron sueños, esas que solo sabían tocarme y hacerme sentir, manos con cayos y tan rasposas, que amaba y me volvía loca cuando me acariciaban. Su pecho era justo la medida para mi cabeza y su corazón me decía que podía dormir tranquila.
Un día como tantos nos perdimos entre sus piernas y entre las mías, y usamos esas mismas piernas para alejarnos después. Y en la fuga perdimos tanto, nos perdimos a nosotros mismos y aún seguimos buscando el camino para volver a encontrarnos. Algún día volveremos a estar en el mismo lugar donde nos conocimos, el mismo lugar en el que nos despedimos…y ese día sabremos que nacimos para estar juntos.
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